El 23 de enero, la víctima concurrió finalmente al local, pero como se encontraba aún con las persianas bajas, le avisó a su madre, quien llamó nuevamente al hombre para avisarle que la joven estaba frente al comercio.
Minutos después, apareció el comerciante, quien la hizo pasar y le explicó los detalles del trabajo, al tiempo que le hacía preguntas sobre cuestiones privadas.
Según consta en el requerimiento de elevación a juicio, el local abrió a las diez de la mañana y el imputado se retiró a la trastienda, mientras que la víctima se quedó en el salón de ventas.
En un momento, el hombre se le acercó y le quiso robar un beso, le preguntó si le gustaba el vodka y le refirió que “necesitaba una pareja para que se quedara con el negocio y así poder abrir otra sucursal”.
De acuerdo con la acusación, la víctima le escribió a su madre —que estaba cuidando a su marido en un hospital— y le contó lo sucedido, frente a lo cual la mujer le dijo que no bebiera nada.